sábado, 25 de junio de 2011

Tristán e Isolda, tercer acto: Dünk dich das? Canta Lauitz Melchior


Tritán:
¿Lo crees así?
Yo sé que será de otro modo,
pero no puedo explicártelo...
En donde desperté
no debo detenerme;
mas donde permaneceré
no sabría decírtelo.
Allí no veré el sol
ni veré tierras ni gente;
pero lo que contemplaré
no puedo expresártelo...
Estuve, donde he permanecido siempre
y hacia donde partiré eternamente.
¡En el vasto reino de la noche universal
sólo se posee un conocimiento:
el divino, eterno y primitivo olvido!

jueves, 2 de junio de 2011

Leonard Bernstein comenta sobre Das Lied von der Erde (La canción de la tierra) de Gustav Mahler

No tiene desperdicio: Leonard Bernstein comenta sobre la estructura general y en particular sobre las dos últimas canciones (¿debiera decir los dos últimos movimientos?) de la "Sinfonía para voz de tenor y de contralto (o barítono) y orquesta", llamada Das Lied von der Erde (La canción de la tierra). Cada movimiento de esta sinfonía es una canción. La última, La despedida, es una de las canciones más hermosas que existen. Aquí escuchamos unos fragmentos de ambas interpretados por René Kollo y Crista Ludwig, con la orquesta filarmónica de Isarel.

sábado, 21 de mayo de 2011

Max Lorenz y Paula Buchner cantan "O sink hernieder", del segundo acto de Tristán e Isolda.


¡Oh desciende, noche de amor,
concédeme olvidar que vivo!
¡Acógeme en tu seno,¨
liberame del mundo!
Apaga ahora la última luz.
Lo que pensábamos, lo que creíamos,
todo recuerdo, toda memoria,
el sublime presentimiento
del sagrado crepúsculo
extiengue el horror del engaño
liberándonos del mundo.


Tristán e Isolda: la violencia del deseo


¿No conocías el poder del amor? ¿Ni el poder de su magia? ¿Al que gobierna el devenir del mundo? Vida y muerte están sometidas a él que las teje con dicha y sufrimiento mudando la envida en amor.
Richard Wagner
Tristán e Isolda, acto II, escena I

La primera vez que escuché el dúo de amor de Tristán e Isolda tenía catorce o quince años. Por muchos años no lo quise volver a oír. Me había sentido violentamente expulsado por esa música casi insoportable. Si me hubiese dado tiempo para escuchar un poco más tal vez hubiese llegado a tenerle miedo. Ahora creo que escuché bien, que tuve la reacción adecuada a la violencia que la música expresaba.
Porque en ese dúo, especialmente en el comienzo, no se trata sólo de amor. Se trata esencialmente de erotismo. Por eso la música es como un mar que arrastra a los protagonistas y con ellos nosotros somos arrebatados, no suavemente sino con violencia, con la violencia inherente al erotismo. Esa misma fuerza que los va a arrastrar a la muerte/goce en la que termina la obra.
Escuchemos las palabras que se dicen, ya no importa quién, porque justamente entramos en una zona seductora y muy peligrosa donde los límites se disipan: ¿Te siento realmente?/¿Eres tú misma?/¿Veo tus ojos?/¿Esta es tu boca?/¿Está aquí tu mano?/¿Está aquí tu corazón?/¿Soy yo?/¿Eres tú?/¿No es un engaño?/¿No es un sueño? Cuerpo, acá no se trata sólo del alma. Pero el cuerpo mismo parece a punto de despedazarse, de estallar o perderse.
Tengo la impresión que con esta música sucede lo mismo que con el erotismo del cual surge: si estamos adentro nos arrebata un goce de una intensidad casi insoportable, pero si quedamos afuera sólo percibimos lo insoportable, algo amenazante y que casi nos ofende.

Max Lorenz y Paula Buchner cantan la última parte del dúo de amor del segundo acto de Tristán e Isolda

Tristán
¿He de escuchar?
Isolda
¡Déjame morir!
Tristán
¿Tendré que despertar?
Isolda
¿Despertar? ¡Jamás!
Tristán
¿Despertará aún a Tristán el día?
Isolda
¡Deja que la muerte haga huir el día!

miércoles, 18 de mayo de 2011