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miércoles, 20 de julio de 2011

Amor cortés, mística y Wagner



Denis de Rougemont (1906-1985)

Denis de Rougemont, el autor de El amor en occidente, enumera varios temas comunes a los trovadores que cultivaban la práctica del amor cortés (esa filosofía del amor que floreció en Provenza en los siglos XI y XII) y los místicos ortodoxos, y que como podrán ver están todos presentes en el texto de Tristán e Isolda de Wagner.

- Morir por no morir.
- La "quemadura suave".
- El "dardo de amor" que hiere sin matar.
- La "salvación" del amor.
- La pasión que "aísla" del mundo y de los seres.
- La pasión que empalidece todo otro amor.
- Quejarse de un mal que sin embargo se prefiere a toda alegría y a todo bien terrestre.
- Lamentar que las palabras traicionen el sentimiento "inefable" y que sin embargo hay que decir.
- El amor que purifica y aleja todo pensamiento vil.
- El querer del amor sustituyéndose al querer propio.
- El "combate" de amor, del cual hay que salir vencido.
- El simbolismo de los "castillos", remansos del amor.
- El simbolismo del "espejo", amor imperfecto que reenvía al amor perfecto.
- El "corazón arrebatado", el "entendimiento embelesado" , el "rapto" del amor.
- El amor considerado como "conocimiento" supremo.

sábado, 25 de junio de 2011

Tristán e Isolda, tercer acto: Dünk dich das? Canta Lauitz Melchior


Tritán:
¿Lo crees así?
Yo sé que será de otro modo,
pero no puedo explicártelo...
En donde desperté
no debo detenerme;
mas donde permaneceré
no sabría decírtelo.
Allí no veré el sol
ni veré tierras ni gente;
pero lo que contemplaré
no puedo expresártelo...
Estuve, donde he permanecido siempre
y hacia donde partiré eternamente.
¡En el vasto reino de la noche universal
sólo se posee un conocimiento:
el divino, eterno y primitivo olvido!

sábado, 21 de mayo de 2011

Max Lorenz y Paula Buchner cantan "O sink hernieder", del segundo acto de Tristán e Isolda.


¡Oh desciende, noche de amor,
concédeme olvidar que vivo!
¡Acógeme en tu seno,¨
liberame del mundo!
Apaga ahora la última luz.
Lo que pensábamos, lo que creíamos,
todo recuerdo, toda memoria,
el sublime presentimiento
del sagrado crepúsculo
extiengue el horror del engaño
liberándonos del mundo.


Tristán e Isolda: la violencia del deseo


¿No conocías el poder del amor? ¿Ni el poder de su magia? ¿Al que gobierna el devenir del mundo? Vida y muerte están sometidas a él que las teje con dicha y sufrimiento mudando la envida en amor.
Richard Wagner
Tristán e Isolda, acto II, escena I

La primera vez que escuché el dúo de amor de Tristán e Isolda tenía catorce o quince años. Por muchos años no lo quise volver a oír. Me había sentido violentamente expulsado por esa música casi insoportable. Si me hubiese dado tiempo para escuchar un poco más tal vez hubiese llegado a tenerle miedo. Ahora creo que escuché bien, que tuve la reacción adecuada a la violencia que la música expresaba.
Porque en ese dúo, especialmente en el comienzo, no se trata sólo de amor. Se trata esencialmente de erotismo. Por eso la música es como un mar que arrastra a los protagonistas y con ellos nosotros somos arrebatados, no suavemente sino con violencia, con la violencia inherente al erotismo. Esa misma fuerza que los va a arrastrar a la muerte/goce en la que termina la obra.
Escuchemos las palabras que se dicen, ya no importa quién, porque justamente entramos en una zona seductora y muy peligrosa donde los límites se disipan: ¿Te siento realmente?/¿Eres tú misma?/¿Veo tus ojos?/¿Esta es tu boca?/¿Está aquí tu mano?/¿Está aquí tu corazón?/¿Soy yo?/¿Eres tú?/¿No es un engaño?/¿No es un sueño? Cuerpo, acá no se trata sólo del alma. Pero el cuerpo mismo parece a punto de despedazarse, de estallar o perderse.
Tengo la impresión que con esta música sucede lo mismo que con el erotismo del cual surge: si estamos adentro nos arrebata un goce de una intensidad casi insoportable, pero si quedamos afuera sólo percibimos lo insoportable, algo amenazante y que casi nos ofende.

Max Lorenz y Paula Buchner cantan la última parte del dúo de amor del segundo acto de Tristán e Isolda

Tristán
¿He de escuchar?
Isolda
¡Déjame morir!
Tristán
¿Tendré que despertar?
Isolda
¿Despertar? ¡Jamás!
Tristán
¿Despertará aún a Tristán el día?
Isolda
¡Deja que la muerte haga huir el día!

lunes, 9 de mayo de 2011

Lauritz Melchior canta "O König", final del segundo acto de Tristán e Isolda.


Aquí tenemos otra vez al gran Lauritz Melchior. Fue el tenor estrella wagneriano del Tercer Reich, pero parece ser que le trajo a los jerarcas nazis no pocos dolores de cabeza. No sólo estaba casado con un judía (que gracias a ello se salvó de los campos de concentración) sino que además parece ser que disimulaba muy poco su bisexualidad. No podían renunciar a él, porque era demasiado bueno e irreemplazable, pero ¿cómo se las habrán arreglado para digerir que el cantante que tenía que ser símbolo de todo lo ario y de la raza superior tuviese defectos tan poco arios?
Aquí lo escuchamos en el final del segundo acto de Tristán e Isolda, cuando los amantes son "sorprendidos" (los que vieron el comienzo del acto y el dúo de amor van a entender muy bien el por qué de las comillas) por Melot, el "amigo" de Tristán (lo mismo respecto de las comillas) y el rey Marke. Después del largo reproche y la consternación del rey, Tristán responde. Su respuesta empieza con las famosas palabras:
O König, das
kann ich dir nicht sagen;
und was du fräst,
das kannst du nie erfahren!
traducidas:
¡Oh rey eso
no te lo puedo decir
y lo que preguntas
jamás podrás saberlo!
Quien haya sentido el dolor de lo indecible podrá entender el de Tristán.