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sábado, 14 de mayo de 2011

El romanticismo alemán: Weber, Der Freischütz, segunda parte.

"En ninguna variedad de trabajo artístico es la fragmentación de las partes tan difícil de evitar como en la ópera (...) Por ópera yo entiendo la ópera que los alemanes desean, una obra de arte en sí misma, en la cual las contribuciones parciales de las artes que contribuyen a crearla se unen, desaparecen, y al desaparecer, construyen de alguna manera un universo nuevo.
"Uno debe detenerse primeramente a admirar la obra en su conjunto; a continuación, en un análisis más detenido, ya puede uno disfrutar de la belleza individual por separado". Podrían perfectamente ser palabras de Wagner, tan próximas están a su búsqueda de la Gesamtkunstwerk, la obra de arte total. Son, sin embargo, palabras de Carl Maria von Weber. Se ve claro hasta qué punto Wagner es heredero de la tradición de la ópera romántica alemana a la que lleva a su paroxismo.
El Leitmotiv, tan asociado al compositor de Tristán e Isolda, está ya muy presente en Der Freischütz, particularmente en los motivos asociados a la presencia de la demoniaco, muy presentes, previsiblemente, en esta escena. Pero justamente en una sóla escena no se puede apreciar su función específica, para ello hay que escuchar toda la ópera. Espero haberlos tentado...

El romanticismo alemán: Weber, Der Freischütz, primera parte.


En 1844 Richard Wagner, que había sido designado Kapellmeister en la corte del Rey de Sajonia en Dresde, se vale de su insipiente renombre y del peso de su cargo para lograr que los restos de Carl Maria von Weber sean trasladados desde Londres, donde había muerto en 1826. Compone la música fúnebre y organiza una marcha con antorchas. Muchos quedan conmovidos por la solemnidad de la ocasión: Wagner y su profundo instinto teatral.
Rinde así homenaje al héroe de su juventud y al iniciador del romanticismo alemán en la ópera. Es tal el peso de Wagner en la historia de la ópera que me vería tentado a decir que Weber tiene mucho de Wagner, pero ello se debe sólo al efecto de lectura retrospectiva que Borges ilustrara ejemplarmente en su artículo Kafka y sus precursores. Es claro que sería mucho más correcto decir que Wagner tomó mucho, muchísimo de ese genial y malogrado músico que fue Carl Maria von Weber. Al igual que Wagner, músico, director de orquesta, hombre de teatro, crítico musical, teórico.
Aquí vemos la primera parte de la escena más famosa de su ópera más famosa, Der Freischütz. Como la palabra no tiene traducción al castellano, cuando no se la nombra directamente en alemán se la traduce, muy insatisfactoriamente, como El cazador furtivo. Es cierto que El cazador que utiliza balas mágicas infalibles no sería muy adecuado como título para una ópera. Es la escena Kaspar (interpretado por Wolfgang Probst) intenta renovar un pacto con el diablo a cambio de llevarle una nueva víctima, Max (interpretado por Toni Krämer). Éste último sólo podrá casarse con su amada Agathe si gana el concurso de tiro que tendrá lugar al día siguiente. Pero hace varias semanas que ha perdido su habitual buena puntería (y no sabe que el diablo metió la cola a través de Kaspar) y en su desesperación se deja convencer por Kaspar de acompañarlo a fundir las balas mágicas a medianoche, en un siniestro paraje en lo profundo del bosque, la garganta o desfiladero del lobo. Como se verá tenemos tantos elementos caros al romanticismo, el bosque, la medianoche, el pacto con el demonio, los espectros (el primer coro que se oye es un coro de espectros, no está cantado por las criaturas que aparecen en escena en esta versión), el ritual, la los presagios, los aparecidos.